Humo, riffs explosivos, tarro llorando de frío, heterogeneidad, cacahuates ahogados en limón, tarareando una canción, washawasheando idiomas en las partes que no recuerdas cómo son o que escapan a tu habilidad de pronunciación.
Ritmo, slam, risas, miradas furtivas, "mira, ése fue el que me gustó", amistades nacientes vs los amigos de siempre, electricidad colectiva, pláticas de barda, malviajes que cierran noches locas, perfecta compañía y de fondo el soundtrack de mi vida.
Los adjetivos nunca mueren, el cuerpo sí... No así las palabras que llenan, que abarcan, que te entran por los ojos y las respiras, y ya que te recorrieron las entrañas las exhalas por cada poro, las llevas en la piel; te abrazan, te invaden, te elevan y vuelas al lado de él, de ellos que las crearon y tú te vuelves parte de. Una pestaña, una gota de sudor salada, un parpadeo, una lágrima...
Gracias.
Por las palabras, infinitas gracias... salúdeme a mi héroe nacional personal en el cielo de los poetas, el maestro Sabines.
How can I be lost, If I've got nowhere to go? Search for seas of gold, How come it's got so cold? How can I be lost? In remembrance I relive And how can I blame you, When it's me I can't forgive.
La noches de insomnio son las mejores, tu mente está despierta, aguda y hambrienta. Las ideas fluyen por donde debieron haberlo hecho siempre, sin interrupciones ni letargos.
Los suspiros son el aderezo que concatena historias y recuerdos, imágenes fugaces de verdades a medias, fantasías que anhelas tanto que fuesen realidades y fantasmas que invocas con sólo pensarlos.
Y lo que sabemos sin tener que decirlo, lo que los ojos gritan cuando las miradas coinciden, cuando todas las palabras se agolpan y queman en las pupilas que se reflejan en las del otro... Un pedazo de papel con un instante de inspiración, un instante de inspiración en un nudo en la garganta.
Y las ausencias... y las distancias. Y la peor de las ausencias, la ausencia acompañada. Si tan sólo pudiera armarlo, si tan sólo pudiera cruzarlo, si tan sólo bastaran tres pasos...
¿Sabes? Dicen que cuando se cierran ciclos es cuando hacemos el recuento de los daños. Y ahora que el año llegó a su fin y uno nuevo inicia, doy gracias por vivir como vivo, por amar como amo y por sentir como siento, aunque eso signifique todavía algunos tropiezos. No puedo decirlo mejor que Oceransky: "a veces tiene que dolerte el alma para que te puedas por fin enterar que hay vida en tus entrañas y no lo puedes negar..." Sigo esperando el poder hacer más entradas con la etiqueta de 'cuentos', sigo esperando el aprender a cumplir promesas, a no dejar cosas (ni corazones) a medias, a aceptar que a veces los cabos sueltos no se hicieron para ser atados jamás, porque en ello radica su belleza y si los atas, ¿luego qué?.Quiero seguir disfrutando de los pequeños grandes placeres que he aprendido a gozar: la soledad, la noche, el llanto sin razón, la compañía en silencio, el evocar.
Porque sigo encontrando divertido el pensar en cómo cambiar la última cifra del año en que vivimos representa una alfombra en la cual ocultar lo que barrimos, en borrar la pizarra para volverla a llenar, en agitar ese viejo "edge and sketch" de la vida que dibujamos todos los días.
Adiós maldición de años pares, a vivir 365 días fortuitos...
Después de 72 horas donde la "intensidad" robó cámara y fue tópico de nuestras acciones, me pregunto a dónde irá a parar lo que naufrague de mi tormenta, cuando la calma lo invada todo y triunfe finalmente sobre el caos.
Y al mirarte me pierdo en tus ojos claros, pequeños pero llenos de una bondad que sólo aquellos que pasan horas contándome de ti y quienes nos hemos perdido en ellos (muy a mi pesar y para gozo de mis celos), conocemos a fondo y disfrutamos en silencio, en silencio de ése que te da la complicidad de un tesoro del que no sabe nadie - ni sabrá-.
Sans toi, les émotions d'aujourd'hui ne seraient que la peau morte des émotions d'autrefois.
De ti, definitivamente me habla de ti, de lo que eres, de lo que vas volviéndote lentamente, de lo que voy volviéndote a diario, de lo que ambos hemos querido que se vuelva, a golpes, gritos, llantos, madurando "a punta de madrazos". Lo vengo masticando hace horas, y lo pienso, lo reflexiono, lo aterrizo, lo rodeo lentamente y a pasos suaves, no quiero que la idea se asuste y se me vaya a escapar.
Sans toi, les émotions d'aujourd'hui ne seraient que la peau morte des émotions d'autrefois.
Y es cierto ¿sabes?, todo se relaciona con el tiempo, el tiempo, el tiempo... siempre el tiempo. ¿Quién demonios le dio al tiempo semejante autoridad? Semejante poder sobre las cicatrices, sobre el amor, sobre la sabiduría, sobre todo.
Hoy, ayer. Llevo una vida batallando con el ayer, el ayer me ha hecho su fácil presa, tú lo sabes y te lamentas, te arrepientes. Pero hoy, hoy le gané, hoy quise salvar el fin de semana con la firme intención de derrotar al ayer, de borrarlo, no de matarlo porque quién soy yo para creer que puede morir, pero borrarlo, ¡claro! borrarlo puedo y quiero, de mi cabeza. Quiero olvidar el eco que cada vez que resuena sangra, quiero sacar los fantasmas. No quiero que por dejar vivir hoy al ayer, mi mañana huela a cadáver.
Sans toi, les émotions d'aujourd'hui ne seraient que la peau morte des émotions d'autrefois.
Quiero tu sonrisa para siempre y todos los días. Qué más da lo demás, lo que no fue no será y lo que es me llena, me ilusiona.
Sin ti, las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las emociones de antaño... no más.
Su cabello largo del cual tiro, sus carnosos labios que muerdo y juego a arrancar, con mi lengua bajo lentamente por su cuello, llego a sus senos y me lleno la boca de ellos, y mientras mis dientes acarician la cima que se levanta erguida, mis manos se adentran en su humedad tibia, preparando el terreno que anhelo saborear.
Y escucho su respiración agitada que en silencio me apura, pero no me apresuro... no tengo prisa.
Me miras en fotos viejas de momentos felices y te sientes tan ajena, distante a ésa en el papel o en la pantalla. Reviviendo aquello por lo que reímos y envidiando mi sonrisa que también era tuya.
¿Dónde estabas? ¿o es que acaso no me has escuchado llamarte por mi nombre? ¿qué sientes? ¿qué sueñas? ¿qué te duele además del corazón? te he dicho que ya no aguanta más remiendos ni parches improvisados, y el salitre de tus lágrimas lo ha gastado al punto de causarle goteras por donde temo se nos vaya la vida desangradas.
Ya deja eso, ¿no ves que te lastimas? ya... por favor ¡ya basta! ve a dónde nos has llevado, al borde, al extremo, al punto de la locura, al desastre, al caos... justo donde empezamos.
Y ahora buscamos un poco de cordura, la buscamos como se busca en el fondo de un cajón algo que creíamos perdido y sabemos que siempre ha estado en su lugar.
Y pensamos en alas tatuadas en la espalda... y nos tatuamos pensamientos en el alma, ignorando que ésos son los que no se olvidan jamás y que, o nos hunden o nos salvan.
- A veces me siento un personaje de alguna mala novela o comedia con tintes dramáticos, de ésas donde abundan las situaciones ridículas y la gente mete un pedazo de cartón que separa sus mundos de aquél de ficción que se va creando conforme su vista abarca las letras ahí descritas; o de ésas donde esperas escuchar la grabación de voces para poner en movimiento esos 17 músculos del rostro acompañados de una estrepitosa convulsión que llamamos risa. Pero ¿y qué somos si no personajes?
- Y ahí vas como siempre pensando y sonando de esa forma tan irritantemente rebuscada... tus filosofías me vienen valiendo madre.
- No me hagas caso, ésa que habla era mi yo de ayer. Hoy no me siento personaje, hoy me siento creadora, una especie de semidiosa con el poder de hacer nacer bajo mi pluma y mis dedos como justo ahora.
- ¿Lo ves? De nuevo tus aires de megalómana, pero y siempre cuando estés creando, puedo soportarte lo que sea que quieras ser.
Hace ya varios atardeceres que disfrutaba de la calma de los días soleados. Atrás quedaban las noches de negras tormentas y de truenos resonando con un eco cavernoso en lo más profundo de su mente. No más luces cegadoras ni relámpagos surcando los cielos de sus noches de aparente calma, ésos que tanto disfrutaba ver desde la ventana de sus ojos, asomándose a su mundo interior.
No quedaba huella de las pisadas en el suelo cubierto de arcilla, pues la lluvia se había encargado de lavar viejas heridas. Y aún entonces se preguntaba -¿es suficiente?-, porque una suave brisa no basta para borrar los vestigios de esas batallas libradas con la más acérrima de sus enemigas, ella misma.
Ahora descansaba en brazos firmes, posaba su cabeza en ese pecho amplio que subía y bajaba en forma acompasada y suave al ritmo de su respiración, y jugaba a poner su oreja justo en el punto donde, debajo de la piel, el corazón de él latía tan fuerte que a ella le parecía que en cualquier momento sus latidos traspasarían la piel. Y cerraba los ojos y se buscaba en ellos, y en cada “bum, bum” había un te quiero, un lo siento o quizás un beso.
Un nuevo antídoto corría por sus venas, uno al que a cada minuto se volvía adicta. Las dosis eran cada vez mayores; primero bastaba con verlo, jugaban a regalarse miradas furtivas que guardaban para los ratos de ausencia; pero la vista se colmó y la sustancia se les desbordaba por los ojos, y en forma de lágrimas invisibles se colaba por la comisura de sus bocas y hacía que intercambiaran palabras que tejían interminables con los hilos de sus sueños. Y los olores, ese olor que ambos desprendían cuando el otro se tropezaba con su vista fija. Un olor dulce que hacía que las narices les picaran y estallaran en risas. Su risa, cómo no enamorarse de su risa.
Y finalmente lo supo cuando su lengua entró en el juego. El antídoto se absorbía más rápido por tacto, y el sudor, potente catalizador, hacía las veces de conductor al bañar el cuerpo de ella de ese rocío que la cubría cuando una nube con forma de él, se posaba sobre su cuerpo desnudo, colándose en lo más recóndito de sus pensamientos, de sus ideas, de su ser.
Hace ya varios amaneceres que disfrutaba en la tranquilidad de sus brazos. Atrás quedaban las maldiciones, los frascos vacíos de falsos placebos y las promesas rotas de falsos profetas. Creía entender lo que era soñar con algo real, al fin podía sentarse a su lado, permitirse sentir y dejar de buscar.
Y mientras ella trata de vivir, al fondo, muy al fondo de su inconciencia, resplandecen los relámpagos rezagados por su antídoto, esperando cualquier momento para colarse en algún hueco y recordarle que los que nacen con una tormenta en el alma, mueren al menos alcanzados por alguno de esos rayos, no importando el cómo ni el dónde, muchos menos el quién.