Y me leía a mi misma hace dos años y vaya cambios, la inteligente inmadurez que irradiaba, inteligente sí, pero al fin inmadurez. El mundo contra la indefensa de mi, los estereotipos que abundaban en mi cabeza creyéndome libre de mente y de pensamiento. El frío agujero donde elegía sumergirme, el daño que me causaba a mi y a quien estaba a mi lado.
Cosas de la edad, supongo. Por eso amo el crecer, porque yo soy maestra y alumna a la vez, porque las personas son el mejor pizarrón y la vida el libro que tú mismo escribes. Por quienes pasaron, por quienes están, por quienes aparentemente a distancia, están más cerca que nunca de lo que creí que pudieron estar.
Ya huele... y no sé si feliz, pero será diferente...
(diferente es bueno)




